Bonampak amaneció envuelto en verde. El eco de la selva, con sus monos saraguatos y guacamayas, se mezclaba con las voces de las comunidades que se reunieron para recibir los apoyos del Programa de Pago por Servicios Ambientales. En medio de flores, ceremonias y saludos, la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena Ibarra, llegó hasta el corazón de la selva para reconocer a quienes día a día la protegen.
Con emoción visible, Bárcena saludó a los pueblos mayas lacandones, guardianes ancestrales de Montes Azules. Recordó que la Selva Lacandona es “lo único que nos queda de selva tropical en México”, y subrayó que sin las comunidades locales “no habría selva”. La ceremonia sanadora, encabezada por don Elías Chambor, marcó el inicio de un encuentro donde lo espiritual y lo político se fundieron.
La funcionaria no escatimó elogios para el gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez, a quien calificó como un aliado ambientalista. “Logró algo impensable: la paz en esta región”, dijo frente a los asistentes, reconociendo además a las autoridades locales que acompañaron la entrega de apoyos, entre ellas la presidenta municipal de Ocosingo, Angélica Méndez Cruz.
El Programa de Pago por Servicios Ambientales, vigente desde 2004, busca compensar a quienes conservan la selva y sus especies: el jaguar, el tapir, el ocelote y las aves que sobrevuelan la región. Pero para Bárcena, los pagos son mucho más que un recurso económico. “Se trata de reconocerlos como guardianes de la selva”, afirmó, comprometiéndose a fortalecer el programa y a sumar a otros pueblos, como tzeltales y choles, en esta cruzada de conservación.
Hubo también guiños hacia la política nacional. Bárcena compartió que la presidenta Claudia Sheinbaum sabía de la visita y mostró entusiasmo al hablar de traerla a Bonampak. “Este lugar precioso, donde las raíces son las comunidades, debe conocerse”, dijo. Entre las anécdotas y compromisos, la secretaria no dejó pasar la promesa de impulsar una carretera esperada desde hace dos décadas: “ya ni modo, hay que hacerla, kilómetro a kilómetro”.

La jornada cerró con un gesto profundamente simbólico. Frente a las comunidades, Bárcena recitó, con humildad y torpeza reconocida, un antiguo canto lacandón: “Tan in cubic in pom cech′ tiala cubic tic yum tiala nasic tic yum”, que significa: “Frente a ti ofrezco mi copal. Ofrécelo al padre, es para ti”. Un puente entre lo ancestral y lo presente, entre la espiritualidad maya y la política ambiental del México actual.
La secretaria se despidió con un vestido lacandón como obsequio, prometiendo que al portarlo recordará a los pueblos que cuidan la selva. Ese día, en Bonampak, la política se mezcló con la memoria ancestral, y la Selva Lacandona volvió a ser nombrada no solo como un territorio, sino como un ser vivo al que se honra y protege.






