Entre los diferentes desafíos ambientales que Puebla atraviesa actualmente, se encuentra la crisis de los micro plásticos, sobre todo la de su presencia en cuerpos de agua fundamentales para el estado como el río Atoyac.
De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico, fibras o gránulos que, por efecto de los rayos ultravioleta, el calor y el oleaje, terminan desintegrándose en partículas diminutas.
Una investigación reciente de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), realizada en la cuenca del Alto Atoyac, arrojó que estas partículas, menores a cinco milímetros, se dispersan en el medio ambiente y se acumulan en ríos, lagos y presas.
Una vez presentes en estos ecosistemas, los microplásticos pueden ser ingeridos por la fauna acuática y avanzar a través de la cadena alimenticia hasta llegar a los seres humanos, generando graves afectaciones tanto para la salud como para los ecosistemas.
Así lo demostró un análisis de Greenpeace México, realizado en conjunto con universidades y centros de investigación, el cual evidenció que el 20 % de 755 peces muestreados —pertenecientes a especies que se comercializan habitualmente— contenían microplásticos en el estómago.
Entre las consecuencias que estos contaminantes pueden causar en el bienestar de las personas se encuentran daños al sistema digestivo, problemas respiratorios, efectos sobre el sistema cardiovascular e incluso complicaciones reproductivas.
La Gaceta UNAM señala que el mal manejo de los residuos es otro de los principales factores que contribuyen a que los microplásticos se hayan convertido en uno de los contaminantes más comunes del planeta, debido a su facilidad para ingresar al cuerpo humano no solo mediante los sistemas hídricos, sino también a través de la cadena alimentaria y del aire.
Lo anterior resulta alarmante si se considera que, en el último año, se produjeron alrededor de 400 millones de toneladas de desechos plásticos, y se estima que la cantidad se triplicará para el 2060, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esto solo ha agravado el problema, ya que gran parte de estos residuos no se recicla ni se gestiona adecuadamente, terminando en vertederos y fuentes hídricas donde finalmente se fragmentan en microplásticos.
En el caso del río Atoyac, se han detectado más de 2,300 descargas contaminantes de tipo doméstico, industrial y clandestino. De manera simultánea, la Secretaría de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial (SMADSOT) reportó la presencia de más de 12 metales en sus aguas. Estas condiciones favorecen la acumulación de sustancias tóxicas que, sumadas a los microplásticos, potencian la contaminación del ambiente y agravan la crisis ecológica en la región.
Hoy más que nunca, frente a este panorama, las instituciones del estado deben atender con urgencia la contaminación por microplásticos, no solo por el reto científico que representa, sino para proteger la salud, la biodiversidad y los recursos hídricos de Puebla.






