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Home General Entrevistas

“No nos podemos permitir que una persona pase por la universidad sin entender qué es la sostenibilidad”: María Josefa Cerro Bautista

Gabriela Ortega Vázquez Por Gabriela Ortega Vázquez
septiembre 30, 2025
En Entrevistas, Local
“No nos podemos permitir que una persona pase por la universidad sin entender qué es la sostenibilidad”: María Josefa Cerro Bautista
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  • La directora de la cátedra UNESCO de Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible, María Josefa Cerro Bautista, platicó en entrevista con Puebla es Verde sobre como la educación superior debe asumir un papel transformador frente a la crisis ambiental, haciendo a la sostenibilidad un eje central de la formación universitaria.

Gabriela Ortega: Quería comenzar preguntándole, mencionó durante la conferencia que las universidades tienen un papel clave en la construcción de un futuro sostenible. Desde su vasta experiencia, ¿qué papel deben de tener las instituciones en esta transformación?

María Josefa Cerro: Bueno, las universidades tienen un papel importantísimo, porque tienen un papel estratégico y que puede ser transformador. No todas las universidades ahora mismo están ejerciendo esa capacidad transformadora hacia sociedades más sostenibles. Las universidades son espacios de generación de conocimiento, de generación de investigación y también forman y tienen la responsabilidad de formar una ciudadanía crítica y también un papel de relación con el mundo, con la sociedad, una relación de transferencia.

Pero, ya lo comenté ayer, UNESCO nos dice que no toda la educación favorece el desarrollo sostenible y hemos visto como durante muchas décadas realmente el modelo en el que se estaba trabajando en muchas universidades era un modelo que impulsaba el crecimiento, la producción masiva, el consumismo, que va justo en una dirección contraria a lo que es el desarrollo sostenible. Entonces, bueno, pues es importante revisar qué estamos haciendo las instituciones, cuáles son nuestras líneas estratégicas, qué modelos de producción, de mercado, en general, qué modelo de vida estamos alentando desde nuestras titulaciones. Tenemos que tener en cuenta que las universidades forman en unos contextos muy determinados y tenemos que trabajar desde esa formación humana y profesional.

Estamos trabajando en un contexto que está atravesado por una crisis ambiental devastadora. Esta mañana leía en prensa cómo la acidificación de los océanos es un problema que se está agravando muchísimo en las últimas décadas. No podemos seguir formando en las universidades ignorando un problema que afecta a todas las áreas de nuestra vida y que, por lo tanto, debe ser trabajada desde todas las áreas de conocimiento, no solamente desde la formación, también desde la investigación.

La investigación de las universidades tiene que estar comprometida con la sostenibilidad en la búsqueda de soluciones, de alternativas y también de nuevos relatos para evitar llegar a esta idea de futuro distópico que a veces se nos vende.

Gabriela Ortega: Por supuesto, justo hablando de la crisis que mencionaba también ayer y ahorita, pues hablábamos de una crisis ambiental, social y de valores, como estos tres aspectos centrales, que también tienen pues cambios y pérdidas irreversibles. Entonces, ¿cómo puede la educación superior enfrentarse a este contexto tan complejo sin caer en lo que usted nos también comentaba ayer, la desesperanza, o sea, como que la desmotivación?

María Josefa Cerro: Claro, sí es una pregunta muy pertinente porque estamos, bueno, realmente lo que se nos traslada, lo que se nos traslada a todas las personas y a nuestro estudiantado también son estos relatos que son como muy desalentadores, este futuro distópico en el que francamente no nos gustaría vivir.

Es esta especie de Mad Max que parece que se avecina. Entonces, bueno, ¿cómo abordarlo desde las universidades? Pues sobre todo con un discurso viendo qué podemos hacer, o sea, qué es lo que… Los problemas están aquí, la crisis ambiental es evidente, todos los institutos que trabajan en investigación nos lo advierten en todos los sentidos porque, como bien decías, tenemos una crisis ecológica, una crisis del medio provocada por las acciones que estamos llevando a cabo los seres humanos, pero también tenemos crisis sociales. Estamos viendo cómo derechos que pensábamos que ya teníamos adquiridos y teníamos asegurados se están poniendo en tela del juicio.

Las propias democracias, democracias que muy asentadas también están llegando determinadas fuerzas a cuestionar el valor de la democracia, ¿no? Frente a totalitarismos y fascismos que ponen en tela del juicio libertades que, como le digo, ya pensábamos que teníamos adquiridas y que no eran problemáticas. Entonces, ser capaces de saber dónde están nuestros estudiantes y qué podemos ofrecerles desde la universidad implica entender cómo pueden actuar las distintas áreas de conocimiento para favorecer cambios en positivo y nuevos relatos. Tenemos que pensar que, desde las universidades, es importante ofrecer a nuestro estudiantado proyectos coherentes, proyectos que tengan sentido porque, para todos, para los docentes y para los estudiantes, es más fácil integrarse en un proyecto colectivo, consensuado, en el que se ve que hay un compromiso institucional, un proyecto serio que es a largo plazo y se trata también de eso, de dar sentido y propósito a los proyectos y hacerlos atractivos.

Facilitar que nuestro estudiantado también pueda participar en la toma de decisiones también les hace implicarse más en los problemas, ¿no?, buscando esos problemas que tengan un impacto real en nuestra comunidad cercana, pero sobre todo haciendo visible que yo creo que es algo que, por ejemplo, la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible han puesto encima de la mesa, que hay muchas facetas, muchas áreas de conocimiento que están implicadas y es necesario, todas están interrelacionadas, pues no podemos hablar de pobreza sin hablar de alimentación o hablar de género, hablar de alianza y de paz entre las instituciones, todas están interrelacionadas, al igual que está el conocimiento que tenemos que trabajar en las universidades. Entonces, bueno, me parece que hay distintas vías, pero por un lado hacer visible que todos estamos comprometidos, hacer visible que todas las áreas de conocimiento tienen el reto de dar respuestas y de trabajar hacia otros modelos y entender que todas las personas que participamos, que formamos parte, pues por ejemplo, de las universidades, los docentes, el estudiantado, los gerentes, el personal de administración, todos tenemos un papel en la construcción de proyectos que realmente sean generadores de nuevas realidades y nuevos relatos y nuevas posibilidades dentro y fuera de la universidad, por supuesto.

Gabriela Ortega: Gracias, qué interesante y qué relevante. Continúo preguntándole, en la conferencia también señaló que es inadmisible que haya profesionales que no sean conscientes de los problemas ambientales, sobre todo en carreras relacionadas con estos. ¿Qué cambios urgentes deberían hacerse en los planes de estudio para evitar esta desconexión que usted mencionaba?

María Josefa Cerro: Pues yo creo que es muy importante conectar los planes de estudio con la realidad en la que se están desarrollando esos planes de estudio. Vamos a formar, estamos formando en las universidades personas que ya son ciudadanos, que ya son ciudadanas, que están tomando decisiones que tienen que ver con su vida cotidiana, con su vida estudiantil y que en un breve plazo van a ser profesionales y van a vivir en un contexto en el que el cambio climático ya es real, en el que el calentamiento global ya es real y va a afectar a la forma en la que trabajan, a la forma en la que tienen que tomar las decisiones profesionales y también personales.

Los cambios que hay, hay cambios que ya son irreversibles y otros con los que todavía podemos trabajar afectan a la forma en la que vamos a trabajar y en los lugares en los que vamos a trabajar. Fíjense que un evento inesperado y tan grave como fue la pandemia hace unos años cambió completamente la forma en la que trabajábamos, la forma en la que nos relacionábamos y la forma en la que se distribuía, por ejemplo, los productos, en la que consumíamos. Algo que fue puntual nos demostró que podemos establecer cambios cuando el contexto así lo requiere.

Ahora ya estamos viendo que el contexto está requiriendo que tengamos esos cambios porque hay acciones que estamos haciendo ahora que siguen deteriorando profundamente el medio ambiente y que deberíamos empezar a cambiar. Podemos encontrar, tenemos capacidad de reacción. Lo que hemos demostrado las sociedades es que tenemos capacidad de reacción.

Luego, para hacerlo, cuanto mejor sea la formación que tengamos y esa formación para entender cuáles son los cambios que tengo que introducir en la forma en la que en la que voy a trabajar, mejor ciudadano, ciudadana y mejor profesional seré. Entender que desde las universidades entendamos, por un lado, cómo esa persona, cómo ese ciudadano, cómo ese profesional puede generar un impacto positivo implicará que tendremos que introducir cambios en los currículos, pero también entender cómo esa profesión va a cambiar por estos problemas ambientales también nos ayudará a introducir los cambios que pensamos que son importantes y que son relevantes también dentro de los currículos para evitar que realmente las personas que estamos formando en la universidad tengan un impacto positivo ya, desde ya, que son ciudadanos que siempre parece que estamos pensando a futuro, pero vamos a pensar también el presente porque realmente la urgencia de los problemas nos obliga a pensar en presente y a tener esa urgencia en los cambios.

Gabriela Ortega: Claro, mencionó una palabra muy importante, ¿No? Lo curricular. Uno de los conceptos principales de ayer fue la sostenibilización curricular que usted planteó. ¿Podría darnos un ejemplo concreto de cómo se puede aplicar la sostenibilización curricular en las distintas áreas de conocimiento? Algo más exacto, más aterrizado.

María Josefa Cerro: La introducción de la sostenibilidad no es un bloque cerrado. Obviamente, dependiendo de las áreas de conocimiento, vamos a trabajar unos aspectos más sociales de la sostenibilidad o más ecológicos, más de medio natural o, por ejemplo, estoy pensando en grados que están muy relacionados, por ejemplo, con la parte social, como puede ser trabajo social, como puede ser educación social, cuando vamos a trabajar con personas vulnerables. Ahora mismo, por ejemplo, están descritas distintas vulnerabilidades de las personas, pero, por ejemplo, todos los cambios que se van a producir a partir, por ejemplo, de las migraciones climáticas, las personas que tienen que abandonar los lugares donde viven porque están sufriendo ya esos eventos climáticos extremos, van a ser elementos que vamos a introducir, por ejemplo, en esas carreras de tipo más social. Una idea más, lo hablábamos ayer, por ejemplo, toda la parte que es el pensamiento sistémico, entender cómo las relaciones se ven alteradas por estos cambios y por estas crisis ambientales, implica una forma distinta de acercarnos al conocimiento, trabajar con este pensamiento sistémico, que es una competencia que está en distintas, que podemos encontrar en muchos programas universitarios, pero darle esta idea de introducir la idea de los problemas ambientales, de las vulnerabilidades y también de la responsabilidad, de las distintas responsabilidades compartidas que tenemos cada uno de nosotros y de nosotras en nuestra posición.

Desde mi punto de vista se trata, por un lado, de conocer sumariamente los problemas ambientales, entender, porque todos los, dependiendo de dónde vivamos, del lugar en el que estemos, en una gran ciudad o en un contexto más urbano, en un país que tenga un clima más frío o un clima más cálido, el contexto y los problemas a los que nos tenemos que enfrentar van a ser distintos, por lo tanto, ser capaces de entender cuáles son esos problemas es una competencia básica para nuestros estudiantes y entender de dónde vienen esos problemas y esa parte de conocimiento del contextual, que tiene que ver con la sostenibilidad, me parece relevante y, por otro lado, ese trabajo en competencias que tienen que ver con el pensamiento sistémico, el análisis crítico, el respeto entre las distintas generaciones es también fundamental y ahí con esas competencias después podemos contextualizar cada una de las áreas de conocimiento. Si trabajamos, por ejemplo, en construcción, si trabajamos en derechos, si trabajamos en psicología, pues en cada una de las áreas de conocimiento hay unos conocimientos genéricos sobre crisis ambiental, sobre sostenibilidad y luego otros conocimientos aplicados, por ejemplo, en psicología ahora mismo se abre un campo inmenso con toda la psicología ambiental, cómo tratar todos los problemas que están asociados a la ecoansiedad, por ejemplo, esta preocupación de cómo los problemas ambientales nos afectan o nos afectarán en el futuro o cómo trabajar con personas que han tenido que ser desplazadas por estos eventos climáticos o que han sufrido las grandes inundaciones. Creo que ahí hay toda, dependiendo de las áreas de conocimiento, hay campos amplísimos que tenemos que revisar desde cada una de las áreas de conocimiento, desde cada una de las titulaciones.

Eso nos va a hacer entender a los docentes y a las docentes mucho mejor a la persona que estamos formando y cómo esa persona va a ser capaz de ser el profesional que en estos momentos y en un corto plazo están necesitando nuestras sociedades.

Gabriela Ortega: Justamente hablábamos de las competencias, hablando de estas ¿Cuáles cree que les faltan a los jóvenes universitarios para fortalecer estos conocimientos, aptitudes y motivaciones que, en teoría, ya están aprendiendo de sus carreras? Para aplicarlo a la sostenibilidad.

María Josefa Cerro: Igual falta que desde las universidades lo hagamos mejor también. No quiero culpabilizar a los jóvenes, porque creo que hay jóvenes que están muy sensibilizados. Creo que hay mucho movimiento estudiantil y mucho movimiento juvenil que está trabajando para tener unas comunidades y unas sociedades en las que la sostenibilidad sea más y mejor reconocida.

Y creo que somos los adultos, que creo que somos las anteriores generaciones, que además tenemos mucha más responsabilidad en la generación de esta crisis ambiental, los que nos tenemos que preguntar cómo tenemos que hacerlo mejor. Si pensamos en el relato que estamos haciendo, estamos haciendo un relato, que yo misma lo estoy haciendo, de todos los problemas ambientales que tenemos. Les estamos contando a nuestros estudiantes todos estos problemas y sin embargo le estamos dando muy pocas soluciones y muy pocos modelos.

Y eso hace que estén bastante perdidos. Los movimientos que tienen más fuerza al final, que están buscando, que están haciendo una crítica más a este sistema de producción, de extracción y de consumo. No sé, pienso en movimientos como Stop Oil o Futuro Vegetal, que aquí los que conozco de Europa, han sido considerados peligrosos por defender un cambio de sistema, pues por ejemplo por defender la necesidad de dejar de consumir combustibles fósiles.

Las protestas de científicos en todo el mundo para que nuestros dirigentes se tomen en serio el cambio climático, están siendo perseguidas y están siendo judicializadas. ¿Qué mensaje estamos trasladando a estos grupos de jóvenes para que se motiven en tener una actitud más proactiva, solicitar cambios en el sistema, solicitar que consumamos de otra forma, que vivamos de otra forma? Bueno, pues creo que tenemos que empezar desde las generaciones anteriores a pensar qué discursos, qué modelos, qué narrativas estamos haciendo y ser capaces de dar más protagonismo a los jóvenes y a las jóvenes que tengan más capacidad de decisión, que esto también va de la mano de dar una mejor formación, no solamente desde las universidades, desde todo el sistema educativo. Y eso también pasa porque nuestros gobiernos se lo crean y dejen de tomarse la sostenibilidad como un pin que se ponen en la solapa o como un cartel que colocan en una institución.

Realmente la universidad tiene un papel muy relevante, pero condicionado también a que el resto de instituciones se comprometan con su papel, porque todo esto es un movimiento sinérgico en el que, bueno, pues tenemos que ir de alguna manera acompasados. Es cierto que, bueno, pues sí, mientras que otras instituciones pueden ir más lentas, la universidad sí que no se lo puede permitir, pero tenemos que ir acompasados y de alguna manera buscando relatos positivos, dando voz, dando protagonismo y dejando de criminalizar a las personas que buscan distintas maneras de hacer las cosas, sobre todo dando respuesta a estos informes de la ciencia que nos dicen que tenemos que dejar de extraer combustibles fósiles, que tenemos que dejar de quemar combustibles fósiles, que tenemos que dejar de generar tóxicos y lanzarlos a los océanos o lanzarlos a… porque el medio ambiente, el medio natural ya no tiene más capacidad de absorción de estos. Entonces, vamos a darle sentido, vamos a darle protagonismo a las personas que, apoyándose en la ciencia, nos están pidiendo este cambio y si estas voces vienen de los jóvenes, vamos a respetarlas y sobre todo vamos a darles espacio y, bueno, el protagonismo que merecen.

Gabriela Ortega: Gracias, qué fuerte todo esto de la criminalización y la persecución de los jóvenes activistas. Igual mencionaba también esta parte de colgarse solamente la solapa, decía que las universidades a veces nada más colocan carteles meramente performativos y que no hay como acciones concretas detrás. Se le viene a la mente algún ejemplo de acciones reales que ya se estén tomando, ¿que podrían tomar otras universidades o instituciones como modelos a seguir?

María Josefa Cerro: Pues para mí la más importante siempre es la que va al núcleo de la acción de las universidades, es la revisión de los currículos, la revisión del trabajo que hacemos pues para formar a nuestros distintos estudiantes.

Hay universidades que ya están trabajando, pues en España la Universidad de Murcia, la Universidad de Málaga, la Universidad de Salamanca, están trabajando en ir revisando ese currículo, ir revisando ese trabajo que se hace para formar mejor en esas competencias. Cierto que no es la transformación que nos gustaría a las personas que vemos la urgencia de hacerlo, pero esa es la primera forma para movilizar a las universidades. Revisar cómo estamos haciendo la formación de nuestro estudiantado y comprobar si realmente, o sea, no nos podemos permitir que una persona pase por la universidad, esté tres o cuatro años en la universidad y termine sin entender qué es la sostenibilidad y cómo afecta su trabajo a la sostenibilidad y qué criterios puede tomar en su toma de decisiones para impactar de una manera positiva en la sostenibilidad.

Cuando hay evidencias científicas que ya nos dicen cómo tenemos que trabajar, cómo tenemos que cambiar, cómo tenemos que introducir no solamente las competencias que comentábamos, pero también los contenidos allá donde sea posible. Revisar si realmente estamos avanzando hacia un modelo donde premia el crecimiento, donde premia la extracción, donde se premia el consumo o realmente estamos ayudando a nuestros estudiantes a que tengan otras formas de trabajar con menos impacto ambiental, otras maneras de diseñar la tecnología, de construir la tecnología que tenga un menor impacto, no sólo ambiental, no sólo en el medio natural, sino también en el medio social. Una tecnología que tenga sentido y que no genere más brechas, por ejemplo.

Eso también es importante. Lo segundo también es la investigación. Revisar qué tipo de investigaciones estamos haciendo y cuáles son los objetivos que estamos haciendo las investigaciones.

Introducir cuando en los baremos, en los que se seleccionan las investigaciones que se van a financiar, por ejemplo, introducir siempre un baremo ambiental, un baremo de cuál es la perspectiva de sostenibilidad que pueda tener esta investigación. Otro elemento también importante y que también genera impacto positivo es la sostenibilización de los campus. Generar campus en los que sea evidente la relación con la sostenibilidad.

Aquí también el propio hecho del calentamiento global, el calentamiento está haciendo que los campus se reverdezcan, se planten más árboles, se consiga más sombra, mínimamente para que el campus también sea más habitable. Facilitar campus con residuo cero es otra de las iniciativas que se hacen en las universidades. Evitar que en las máquinas haya botellas de plástico y facilitar que haya fuentes para que se puedan rellenar botellas reutilizables, evitando comprar botellas de plástico que sabemos que al final son difícilmente reciclables.

Hay un movimiento ahora, no solamente en las universidades, sino también en colegios, en institutos, para trabajar la sostenibilidad desde un enfoque integral, de tal manera que todas las acciones se revisen bajo el prisma de la sostenibilidad desde la estructura de campus, como le decía, cómo están organizados los edificios, cómo se refrigeran, cómo se calientan, qué se hace con los residuos, hasta la investigación. Todos los elementos revisados con los criterios de sostenibilidad, que creo que es el sentido de vivir la sostenibilidad, además de estudiarla.

Gabriela Ortega: Muchas gracias por estos ejemplos de acciones concretas que las instituciones podrían aplicar. Al inicio comentaba que la UNESCO advertía que no toda educación favorece la sostenibilidad. Bueno, creo que ya nos dio un poco de panorama sobre esta pregunta, pero entonces, ¿cómo podemos reconocer una educación que sí contribuye a ella, por ejemplo, con estas acciones que decía, pero también para diferenciarla de aquella que realmente no favorece la sostenibilidad?

María Josefa Cerro: Necesitamos esa idea de revisar el modelo, hacia qué modelo, hacia qué acciones nos lleva la formación, el diseño de esa formación que queremos comparar, por ejemplo ¿Es un modelo finalista de productos o es un modelo en el que tanto los estudiantes, toda la comunidad educativa tiene una posibilidad de intervenir a través del pensamiento crítico, a partir de esa revisión de los modelos, esa revisión de la comunidad, ese respeto? Yo creo que hay elementos, por ejemplo, en la Agenda 2030 que tienen que ver con la relación con los demás, que tienen que ver con la introducción también, por ejemplo, de otros saberes que podrían, los saberes comunitarios, los saberes que hasta ahora estaban de alguna manera más relegados, también pueden ser elementos importantes. Pero tenemos que pensar, bueno, pues en qué modelo, principalmente en qué modelo está asentada esa formación. ¿Está asentado en un modelo de crecimiento? ¿Está asentado en un modelo de búsqueda del beneficio inmediato? ¿Está pensado en un modelo de soluciones a corto plazo o está pensado en un modelo que integra elementos éticos, elementos de qué valores estamos trabajando en ese proyecto, en ese programa? Son cuestiones, bueno, que nos dan la pista de hasta qué punto un programa está siendo revisado de manera positiva o, bueno, se sigue manteniendo en ese modelo en el que el éxito es ser más, tener más, acaparar más, construir más y, bueno, pues este modelo que al final es el que reproduce y multiplica las crisis ambientales.

Gabriela Ortega: Gracias, bueno tenerlo en cuenta. En su experiencia, la semblanza describía su experiencia con organismos públicos y, por supuesto, con ministerios de educación. Personalmente, por lo que ha visto, ¿qué políticas han demostrado ser más efectivas en materia de educación para vincularse con la sostenibilidad?

María Josefa Cerro: Ahora mismo las políticas desde las instituciones, sobre todo educativas, desde los ministerios de educación, es cierto que tienen que ir alineadas con el resto de las políticas públicas.

Intentar favorecer que, en los colegios, en los institutos, en las universidades se trabaje la sostenibilidad también tiene que ver con qué está sucediendo en el resto de las instituciones y cómo se viven esas relaciones. Pero, por ejemplo, permíteme que te hable del ejemplo español porque es el que más conozco. En España ahora mismo, desde hace un par de años, ha habido un cambio en los currículos tanto de infantil como de primaria, de secundaria y de bachillerato, que se introduce la sostenibilidad, que se introducen ciertos conocimientos de la Agenda 2030, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en cada una de las áreas de conocimiento.

Se introducen conceptos como los límites de la biosfera, de trabajar con los conceptos de resiliencia, con los conceptos de ciclo, con muchos elementos que están presentes o que tienen que estar presentes cuando hablamos de sostenibilidad. El hecho de que ya estén ahí implica que la formación no es una formación que depende del profesorado, sino que el profesorado, al tener que trabajar en esos determinados currículums, ya tiene que trabajar con esos conceptos, con esas metodologías, con esas formas de hacer. No es voluntarismo como venía siendo hasta el momento de los docentes, sino que realmente está en el currículo y está en los libros de texto, con lo cual implica también una nueva formación para los docentes que tienen que adecuarse y tienen que entender qué es lo que tienen que dar y de qué manera es positivo para su estudiantado.

También desde las instituciones educativas hay que empujar a las universidades para que esto sea así. Igual que estamos hablando de la importancia de introducir las competencias digitales o las competencias tecnológicas en los currículos, es imprescindible introducir las competencias en sostenibilidad y que no sea una cuestión voluntaria de los profesores que estamos más sensibilizados, sino que sea un elemento central de los programas y, como le decía antes, que no puede pasar un estudiante por la universidad a adquirir un título, tener un título, conseguir un título sin tener esa formación en sostenibilidad. Tiene que ir, por un lado, de la mano del reconocimiento desde las instituciones, ese reconocimiento es imprescindible que esté en los currículos y, por otro lado, también del reconocimiento del trabajo de las personas que lo llevan a cabo, que es un trabajo relevante y también que hay que conseguir que se mantenga.

Gabriela Ortega: Es bueno saber que estas acciones ya son una realidad. Nos estamos acercando al final de la entrevista, entonces para terminar me gustaría preguntarle si pudiera dar un mensaje final a la comunidad universitaria, no solo de la BUAP, sino de también otras instituciones y el público aparte, ¿cuál sería?

María Josefa Cerro: Pues me gustaría dar un mensaje positivo, un mensaje de la capacidad que tenemos los seres humanos de cambiar, de hacernos responsables y de mejorar. No se trata de renunciar a nuestra calidad de vida, se trata de introducir elementos que van a mejorar realmente nuestra vida.

Ser conscientes y hacernos protagonistas de aquello que queremos conseguir me parece que es uno de los elementos más importantes para el ser humano. Tener un propósito claro es uno de los elementos más importantes, no solo para estudiantes, sino también para los docentes y las instituciones. Si ese propósito conecta con la universidad, si ese propósito conecta con la comunidad, con hacer mejores nuestras comunidades, no solamente para nosotros, sino también para todas nuestras compañeras, nuestros compañeros, nuestros familiares, pues yo creo que es uno de los mejores propósitos que podemos tener en esta vida.

Para ello, no solamente se necesita la voluntad, como decía antes con los docentes, también se necesita el conocimiento y ser responsables de qué conocimiento, de lo importante que es el conocimiento. Trabajar con el conocimiento también nos hará como docentes mejores docentes, pero como estudiantes nos hará reclamar, y esto es muy importante, reclamar que se nos dé una mejor formación, que se nos dé la formación que realmente necesitamos para ser mejores personas, mejores ciudadanos y mejores profesionales. Y de eso también va el protagonismo, no solamente de tomar acción, sino también de tomar la voz para pedir y para comunicarnos y agruparnos para solicitar aquello que creemos que es necesario desde una crítica constructiva y propositiva.

Entonces bueno, pues animar a que todos tengamos voz, todos y todas tengamos voz y el propósito de mejorar, de mejorar como personas y como parte de la comunidad.

Gabriela Ortega: Gracias doctora por estas palabras de aliento, de motivación que son trascendentales en estos tiempos y que ayudan a generar esta conciencia de inmediatez, de acción, que es ahora, ya no hay un futuro. Por mi parte sería todo, pero muchísimas gracias por su tiempo, palabras y conocimientos.

María Josefa Cerro: Muchas gracias a ti Gabriela, muchas gracias a la universidad y a este canal que me dejáis también un poquito para expresar un poco lo que sé y lo que me preocupa. Muchísimas gracias.

Etiquetas: AmbienteCentro de Investigación Científica y de Educación Superior de EnsenadaDesarrolloEcologíaMaría Josefa Cerro BautistaMedio AmbienteMéxicoPueblaslideSostenibilidad
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