Gabriela Ortega Vázquez
La Universidad Iberoamericana Puebla sigue fortaleciendo su compromiso con la sostenibilidad a través del Programa de Acción Ambiental, una iniciativa que busca trascender las aulas para incorporar la conciencia ecológica en la vida diaria de la comunidad universitaria. Así lo explicó Guillermina, integrante del Instituto de Investigaciones en Medio Ambiente, responsable de promover y coordinar diversas acciones con enfoque socioambiental.
Actualmente, el programa tiene como propósito impulsar la cultura ambiental dentro del campus y fomentar el cuidado activo de la “casa común”.
“No es en un salón de clases, no es en una materia, sino es vivir en todos los espacios”, señaló Guillermina al subrayar que la educación ambiental debe implementarse de manera cotidiana.
Basura Cero: un proyecto estudiantil que transformó la Ibero
Uno de los logros más visibles y reconocidos del Programa de Acción Ambiental es el sistema Basura Cero, que actualmente opera en todo el campus mediante una red de separadores de residuos, eliminando los botes individuales en salones y oficinas.
Nació hace 13 años como un proyecto final de dos estudiantes de Ciencias Ambientales. La propuesta sugería reemplazar los botes por estaciones de separación de residuos en pasillos y áreas comunes, con el fin de asegurar la correcta clasificación y reducir la mezcla de materiales.
En 2018, la Ibero Puebla obtuvo certificación ambiental de la PROFEPA y comenzó el proceso de acreditación internacional con UI GreenMetric, otorgado por la Universidad de Indonesia, que evalúa el cumplimiento de estándares ambientales globales alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Educación ambiental desde el hacer y el sentir
Guillermina señala a la participación estudiantil como el motor del programa, basando la estrategia educativa en la sensibilidad, el vínculo emocional y el contacto con la naturaleza. Para esto, la institución promueve proyectos extraescolares y talleres donde los estudiantes pueden aprender sobre ciudadanía ambiental, jardinería, plantas medicinales y contenido para redes.
Estas iniciativas integran investigación, comunicación, producción de contenidos, agricultura y metodologías basadas en el arte, el juego, la cocina y el trabajo colectivo.
“Nuestros estudiantes son niños grandes. También quieren jugar, sentir, cocinar, sembrar y conectar. Aprendemos tocando la tierra”, expresó Guillermina, haciendo énfasis en que el aprendizaje ambiental debe ser práctico y emocional, no solo teórico.
Sustentabilidad en el campus: trabajo constante
La sustentabilidad universitaria también depende de un gran equipo conformado por personal operativo: jardineros, personal de intendencia, e ingenieros ambientales y de áreas verdes, quienes mantienen el equilibrio ecológico del campus mediante poda, compostaje, riego, mantenimiento del lago y manejo de residuos.
Gracias a esta estructura, la universidad ha logrado reducir el uso de desechables en eventos, implementando el uso de tazas reutilizables y sistemas de lavado industrial.
Un futuro colectivo
Para Guillermina, la educación ambiental universitaria no se limita a formar especialistas, sino a influir en los perfiles profesionales de distintas disciplinas, buscando que cada estudiante pueda aplicar acciones sostenibles en su entorno.
“Sembramos pequeñas semillas para que germinen en ustedes y en donde trabajen. La vida no alcanza para dar talleres a todos, pero cada persona puede replicar lo aprendido”.
La entrevista finalizó con un llamado a sentirse en todo momento cuidadores, educadores y ciudadanos ambientales, ya que estos roles implican organizarse y tener una participación política activa.






