La noticia de que el llamado “Reloj del Apocalipsis” se fijó en 85 segundos para la medianoche el pasado 27 de enero ha generado preocupación y dudas. Pero ¿qué significa este ajuste? ¿Por qué el avance de sus manecillas es un asunto que debería alarmarnos como sociedad?
Creado por El Boletín de la Junta de Ciencia y Seguridad de los Científicos Atómicos (SASB), el Reloj del Apocalipsis es un diseño que advierte al público sobre lo cerca que esta la humanidad de destruir el mundo con tecnologías peligrosas que esta misma ha creado. Sirviendo como metáfora de los peligros que debemos abordar para garantizar la supervivencia en el planeta, según explica la misma organización.
Su creación se remonta a 1947, en un contexto en el que el mayor peligro para la humanidad venía de las armas nucleares, principalmente del riesgo constante de un enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética debido a la carrera armamentista. Científicos como Albert Einstein y J. Robert Oppenheimer participaron en su diseño.
En este reloj, la medianoche representa un evento de destrucción catastrófica a escala global, mientras que los segundos o minutos previos indican qué tan cerca se encuentra la humanidad de este evento.
A lo largo de casi ocho décadas, el reloj ha sido ajustado 26 veces. Su distancia más lejana de la medianoche fue de 17 minutos en 1991, tras el fin de la Guerra Fría. Su posición actual -85 segundos para la medianoche- representa el punto más cercano a la catástrofe en toda su historia.
Con el paso del tiempo, las amenazas consideradas por el Boletín se ampliaron. De acuerdo con UNAM Global Revista, en 2007 el organismo incorporó fenómenos como el cambio climático, las pandemias, la desinformación masiva y el desarrollo de tecnologías con impactos globales, a la lista de factores que nos acercan a un escenario de destrucción masiva.
Desde entonces, el aspecto ambiental ha ganado un papel central en la evaluación anual del Reloj del Apocalipsis. A diferencia de las amenazas del pasado, los riesgos relacionados con el deterioro del planeta no dependen de un solo evento extremo, sino de procesos que avanzan constantemente como la degradación de ecosistemas, el aumento de la temperatura global y la pérdida de biodiversidad.
Lo anterior no solo afecta el equilibrio natural, sino que aumenta la probabilidad de crisis sanitarias, alimentarias y sociales internacionales, como lo fue la pandemia por COVID-19 en el 2020, un suceso que cambió por completo la forma en que las sociedades funcionan.
En este panorama, el reloj se presenta como una herramienta para advertir sobre los límites ambientales que la humanidad está sobrepasando, reflejando la falta de acciones efectivas para frenar el daño ambiental y prevenir riesgos biológicos, lo que ha vuelto al planeta más vulnerable.
Hablando de México, necesidades como el acceso al agua, la protección de la fauna, la adaptación al cambio climático y el fortalecimiento de los sistemas de salud ante riesgos ambientales -como sequías prolongadas, olas de calor intensas y contaminación del aire- deben ser atendidas con suma urgencia.
Año con año, el reloj parece acercarse al fin de su cuenta atrás. El sentido de alarma debe estar más vigente que nunca, pues su avance recuerda que el tiempo para actuar se está acabando, al msimo tiempo que las amenzas ambientales crecen. Ignorar esta advertencia implica normalizar un futuro cada vez más frágil y menos sostenible.






