Día con día, las distintas crisis ambientales y movilizaciones derivadas de estas han planteado la necesidad de reflexionar sobre la relación entre personas y medioambiente. En medio de este debate es que se originó el ecofeminismo.
Este no es un movimiento completamente nuevo, sino un tema ampliamente discutido entre activistas y académicas que, desde su surgimiento, buscó cuestionar cómo el deterioro de la naturaleza y las formas de desigualdad social pueden estar conectados.
¿Qué es el ecofeminismo?
Aunque el ecofeminismo es una corriente amplia y con diversas perspectivas, su idea central es fácil de comprender: unir las preocupaciones del feminismo con la defensa del medio ambiente.
De acuerdo con la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (2024), el ecofeminismo comprende diversas teorías, reflexiones y prácticas impulsadas principalmente por mujeres que buscan analizar la forma en que las personas se relacionan entre sí y con la naturaleza. Desde este enfoque, se promueven formas de vida más respetuosas con los ecosistemas, basadas en el cuidado, la sostenibilidad y el bienestar colectivo, con el objetivo de contribuir a una vida digna y plena para todos.
La institución también explica que una de las principales propuestas del ecofeminismo es que las distintas formas de violencia ejercidas contra la naturaleza, las mujeres y otros grupos históricamente marginados tienen un origen común: los sistemas de dominación como el patriarcado y modelos económicos que implican la explotación de las personas y de los recursos naturales.
Algunas de sus orientaciones más conocidas son las esencialistas o clásicas, espiritualistas, queer, animalistas, veganas y antiespecistas, así como constructivistas.
Origen del movimiento
El término «ecofeminismo» fue acuñado en 1974 por la escritora y activista francesa Françoise d’Eaubonne en su obra El feminismo o la muerte. En ella criticó que los problemas ambientales se abordaran sin considerar las desigualdades de género, proponiendo una visión que vinculara ambas luchas.
Sin embargo, sus antecedentes pueden rastrearse a las ideas de la filósofa francesa Simone de Beauvoir, quien en 1949 analizó cómo las mujeres habían sido históricamente excluidas, además de ser asociadas con la naturaleza a partir de construcciones sociales y culturales.
¿Qué ejemplos existen actualmente?
En la actualidad, los valores del ecofeminismo pueden encontrarse en varias iniciativas alrededor del mundo. Entre ellas están las mujeres indígenas que defienden bosques y ríos de proyectos que amenazan sus territorios, cooperativas agrícolas que impulsan prácticas sustentables, redes comunitarias que restauran ecosistemas y grupos que promueven la soberanía alimentaria mediante el intercambio y conservación de semillas.
En México algunos de los más conocidos son la Red Mexicana de Organizaciones Campesinas Forestales, el Consejo de Pueblos Unidos por la Defensa del Río Verde y las mujeres indígenas que colaboran con el Grupo de Estudios Ambientales.
Una responsabilidad compartida
Estas experiencias demuestran que la protección del ambiente también se encuentra en las acciones y reflexiones colectivas. Aunque el ecofeminismo reúne múltiples posturas, todas coinciden en que, para alcanzar una sociedad justa y sostenible, la salud del planeta y el bienestar de las personas deben ir de la mano.





