Gabriela Ortega Vázquez
El cine es uno de los medios de entretenimiento más importantes y una forma de escapar de la rutina cotidiana. Pero ¿sabía que detrás de estas grandes producciones también puede existir un alto costo ambiental?
Tal es el caso de algunas películas cuyas grabaciones afectaron gravemente a los sitios que eligieron como ubicación a favor de la historia a contar. Aunque actualmente las regulaciones al grabar en ecosistemas suelen ser más estrictas para proteger el medio ambiente, hubo algunas producciones que, pese a estas medidas, afectaron los espacios naturales donde fueron filmadas.
- Dune (1984)
En la década de los ochenta, el reconocido director David Lynch aceptó el reto de adaptar Duna a la pantalla grande; una historia de ciencia ficción llena de aventura, intriga política y un complejo mundo intergaláctico que muchos consideraban imposible de representar correctamente.
Gran parte de la filmación de esta cinta se realizó en territorio mexicano, específicamente en el desierto de Samalayuca, ubicado en el estado de Chihuahua. Sus dunas de arena blanca fueron el escenario ideal para recrear el planeta desértico de Arrakis.
Curiosamente, la novela original aborda temas como la sobreexplotación de los recursos naturales. Sin embargo, a pesar de esta crítica ecologista, de acuerdo con El Heraldo de Chihuahua, el director consideró que el desierto mexicano tenía demasiada vegetación para representar un planeta desolado e inhóspito.
Por lo anterior, un equipo de aproximadamente 200 personas pasó dos meses limpiando a mano cerca de tres millas cuadradas de desierto. Durante este proceso, arrancaron arbustos y plantas nativas, además de remover rocas para dejar únicamente la arena.
Estas acciones también afectaron negativamente a la fauna del lugar. Al eliminar parte de la vegetación desértica, se destruyeron los microhábitats de varias especies locales, como pequeños reptiles, insectos y roedores que dependían de estas plantas para protegerse del sol extremo y de los depredadores.
- The Beach (2000):
Esta cinta protagonizada por Leonardo DiCaprio fue rodada en el parque natural de la isla de Koh Phi Phi en Tailandia. En un artículo para ABC, Helena Cortés señala que para cumplir con los fines esteticos de la película, se plantaron nuevos árboles y se recolocaron las dunas
Aunque posteriormente, los productores realizaron donaciones a diferentes organismos locales para recuperar la zona, el parque perdió sus defensas naturales contra la erosión.
Sumado a esto, tras el estreno, el turismo masivo descontrolado destruyó más del 80% de los corales de la zona, debido a que cada día llegaban más de 5.000 viajeros y 200 barcos; lo cual forzó al gobierno Tailandés a cerrar el lugar por años para su recuperación.
- Apocalypse Now (1979):
En este filme que recrea la guerra de Vietnam, el director Francis Ford Coppola grabó en las selvas de Filipinas. Para una de las escenas más famosas, la producción quemó hectáreas de palmeras reales utilizando más de 4,500 litros de gasolina y neumáticos, liberando humo altamente tóxico y destruyendo el suelo. También construyeron carreteras que alteraron los ríos de la zona.
Esta violación al ecosistema fue posible debido a las nulas restricciones ecológicas de la época, según el medio CBS News, el propio director declaró que «No hay muchos lugares en el mundo donde pudieras haber hecho esto… Nunca te habrían dejado hacerlo en los Estados Unidos; los ambientalistas te habrían matado». Evidenciando lo fácil que resultaba dañar espacios naturales en nombre de «maximizar” los efectos especiales y apegarse a la fatalidad que la historia describía.
- Piratas del Caribe: La venganza de Salazar (2017)
Tomando un caso más reciente, esta película estuvo rodeada de una fuerte polémica ambiental. El gobierno australiano otorgó incentivos millonarios a la producción para que el rodaje de se llevará a en la región de Queensland. Pero en 2015, trabajadores del set y habitantes de la zona denunciaron que residuos químicos provenientes de las estaciones de lavado utilizadas por los equipos de pintura y efectos especiales estaban vertiéndose en un arroyo cercano a los estudios.
The Courier Mail indicó que ante estas denuncias, las autoridades ambientales de la zona iniciaron una investigación y solicitaron cambios en el manejo de las aguas residuales de la producción.
El problema del agua no fue el único, en ese entonces, organizaciones como PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) protestaron debido al trato dado a los monos capuchinos usados en el set. Testimonios afirmaban que uno de los monos sufrió cuadros de estrés severo que le provocaban vómitos continuos y que, otro de los simios mordió a una maquilladora. Estas acciones no solo ponían en riesgo al personal, sino que vulneraban las leyes de bienestar animal.
La industria del cine es una de las más contaminantes del mundo, por ello, ser consciente de su impacto se vuelve crucial para un consumo más consciente que pueda impulsar regulaciones y prácticas responsables. Finalmente, disfrutar una historia en la pantalla grande no debería significar dejar una huella negativa en el planeta.





