En los últimos días, la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) anunció la extinción del conejo de los volcanes, más conocido como teporingo, en el Nevado de Toluca. Esto debido a que desde hace décadas no ha habido un avistamiento de este ejemplar, por lo que podría encontrarse completamente extinto a nivel local.
Este mamífero de la familia Leporidae era endémico de las montañas del centro de México, habitando en bosques y zacatonales. Físicamente se asemejaba a un conejo, aunque sus orejas cortas hacían que en ocasiones la gente lo confundiera con un ratón.
Según el último cálculo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en 2019 se estimaba que la población del teporingo era de 7,000 individuos en descenso.
Esta triste noticia llega en el marco de una preocupante crisis de extinción de fauna en el país, particularmente en mamíferos pequeños y otras especies endémicas. México es uno de los lugares con mayor biodiversidad en el planeta, pero también uno de los que enfrenta mayores amenazas para la conservación de su fauna debido a la caza desmedida y la reducción de hábitats.
De acuerdo con datos recientes de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), alrededor de 48 especies de plantas y animales están posiblemente extintas en México, y más de 500 especies animales están oficialmente catalogadas en peligro de extinción, con un número aún mayor bajo amenaza o protección especial. Tan solo en mamíferos, se ha registrado un alto número de especies próximas a la desaparición o ya desaparecidas, en gran parte debido al impacto humano directo e indirecto.
En particular, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) ha reportado que desde 2001 se ha incrementado en un 25% la cantidad de especies en peligro. La fragmentación del hábitat en zonas de alta montaña, como el Nevado de Toluca, muestra un caso específico y preocupante de cómo el desarrollo urbano y agrícola reduce los ecosistemas naturales necesarios para la supervivencia de especies pequeñas y especializadas, como el teporingo.
La desaparición de este animal no solo representa la pérdida de un ícono de la biodiversidad mexicana, sino también un llamado de atención urgente sobre la fragilidad de los ecosistemas. El reto es grande: evitar que más especies sigan el mismo destino y que el país siga perdiendo parte de su riqueza natural.






