Por Mariana Diego

Biografía
Doctora en Ciencias Ambientales por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y bióloga por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), actualmente se desempeña en el área de educación para el desarrollo sostenible de la misma
La forma en que comemos importa mucho en un mundo donde hay más de 8 mil millones de personas. Hoy más que nunca debemos pensar muy bien que ponemos en nuestros platos, ya que tiene un impacto directo en la salud del planeta, en las economías locales y en nuestra propia supervivencia como especie. Por eso urge hablar de alimentación sostenible.
La alimentación sostenible es aquella que satisface las necesidades nutricionales actuales sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de hacer lo mismo, esto implica producir y consumir alimentos de manera que se minimice el impacto ambiental, se preserve la biodiversidad y se promueva la justicia social.
Según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la producción de alimentos es responsable de casi un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. La ganadería industrial, por ejemplo, consume cantidades inmensas de agua y a su vez genera grandes problemas de deforestación. Por otro lado, está el desperdicio de alimentos, que se da en toda la cadena, desde la producción hasta que llega al consumidor final y aquí se pierden o van directamente a la basura alrededor de 2500 millones de toneladas de comida al año.
Pero el cambio no depende únicamente de lo que se produce, sino también de cómo se consume. Nuestro estilo de vida actual, basado en la rapidez, la comodidad, y el bajo costo, ha normalizado el consumo excesivo de alimentos ultra procesados, empaquetados y transportados desde miles de kilómetros. Esto no solo tiene un alto costo ambiental, sino que también tiene un gran impacto en la salud pública, ya que ahora nos estamos enfrentando a incrementos en enfermedades que están estrechamente relacionadas con dietas desequilibradas y malos estilos de vida, algunos de estos padecimientos son: las enfermedades cardiovasculares, la obesidad, diabetes e hipertensión arterial, que no solo afecta a la población adulta, si no que cada vez es más frecuente encontrarlas en niños y jóvenes.
Pero ¿Qué podemos hacer como consumidores? La alimentación sostenible no exige perfección, sino conciencia. Es por eso que debemos tomar en cuenta aspectos clave para minimizar su impacto, por ejemplo:
- Elaborar planes de alimentación para evitar el desperdicio, optar por productos locales y de temporada, reducir el consumo de alimentos procesados y carnes rojas y elegir opciones con menos empaques.
- Las Dietas sostenibles deben ser nutritivas y saludables, promoviendo la salud de las personas y contribuyendo a la salud de las personas.
- Priorizar la agricultura ecológica, reducir el uso de fertilizantes y pesticidas y optar por prácticas agrícolas que conserven la salud del suelo y la biodiversidad.
En los últimos años, por ejemplo, en Puebla, se ha apostado por priorizar el comercio local y de temporada, además de incentivar la agricultura más ecológica y de menor impacto ambiental.
Es importante recalcar que no todo depende del consumidor individual. Las grandes decisiones están en manos de gobiernos, corporaciones y organismos nacionales e internacionales. Sin embargo, el poder de la ciudadanía organizada, informada y activa no debe subestimarse. Cada comida es una declaración. Si miles de personas cambian sus hábitos, el mercado responde. Y si millones lo hacen, las políticas pueden cambiar.
Hablar de alimentación sostenible no debería de ser un discurso de moda. En países como México y estados como Puebla, donde coexisten problemas de desnutrición, malnutrición y obesidad, es más importante que nunca impulsar una alimentación sana y por lo tanto equilibrada, además de accesible y ambientalmente viable.
Es así como la alimentación sostenible es una puerta de entrada a un futuro más saludable, justo, resiliente y próspero. Es probablemente, unas de las herramientas más poderosas que tenemos para cuidar el planeta y a quienes lo habitamos.
¿Estás listo/a para pensar en tu alimentación? Cada decisión es un paso importante para mejorar la salud ambiental del planeta.






