Por Mariana Diego

¿Alguna vez te has despertado por la mañana y te has preguntado sobre cómo se encuentra la calidad del aire que respiras en tu día a día?
Cuando hablamos de contaminación pensamos en ríos contaminados, basura en las calles o plástico en los océanos, sin embargo, hay un tipo de contaminación que suele ser bastante silenciosa porque no es percibida con facilidad, y que, sin darnos cuenta, afecta nuestra salud y nuestra vida en general: el aire.
En Puebla, muchas veces despertamos con un cielo azul excepcional, sin embargo, esto no quiere decir que el aire se encuentre limpio. A menudo, lo que respiramos está cargado de miles y millones de partículas finas, que pasan desapercibidas, y que entran a nuestros pulmones y pueden viajar por todo el cuerpo. Estas partículas contaminantes provienen de fuentes que conocemos muy bien: autos, fábricas, incendios forestales, la ceniza del volcán Popocatépetl e incluso algunos químicos tóxicos con los que tenemos contacto diariamente.
La naturaleza física y composición de los contaminantes químicos atmosféricos es muy variada. Además de por su origen natural o antropogénico, los contaminantes se clasifican en primarios y secundarios. Los primarios son sustancias que van directamente a la atmósfera, entre los que se encuentran los aerosoles o partículas, los óxidos de azufre, los óxidos de nitrógeno, el monóxido de carbono y los hidrocarburos. Los contaminantes secundarios son sustancias que se producen como consecuencia de las transformaciones, reacciones químicas y fotoquímicas que sufren los contaminantes primarios en el seno de la atmósfera.
En los últimos años, Puebla ha vivido un crecimiento urbano acelerado y poco ordenado. Se deforestan áreas para construir fraccionamientos, centros comerciales y calles, se pavimentan espacios donde había árboles o vegetación nativa, hay más parque vehicular y menos acceso a ciclovías, hay basura y residuos que desembocan en los ríos Atoyac, Xochiac y Alseseca. Todo esto contribuye no solo al cambio climático local, si no a un aire cada vez irrespirable.
El problema no es menor: los casi 3 millones de personas que habitamos la zona metropolitana de Puebla respiramos toneladas de sustancias tóxicas, responsables de agudizar enfermedades crónicas, cáncer, daños pulmonares, cardiovasculares y neurológicos. Sin embargo, pocos lo saben y menos aún se preocupan. Porque el aire no duele, no mancha la ropa, no se acumula en las calles y banquetas. El aire contaminado nos enferma en silencio.
Según datos del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), la mala calidad del aire en México provoca más de 40 mil muertes prematuras al año. La calidad del aire en la zona metropolitana de Puebla ha empeorado en los últimos años, pues el número de días con contaminación atmosférica por arriba de la norma ha crecido exponencialmente.
Tenemos mucho por hacer ya que ésta y otras complicaciones ambientales son un problema compartido. En el caso del aire, todos lo respiramos, por eso mismo, todos podemos hacer algo: exigir políticas de movilidad sustentable, apostar por menos autos y más transporte colectivo eficiente y seguro, proteger las áreas verdes y reforestar con vegetación nativa, modificar nuestros hábitos de consumo sobre todo en plásticos, aerosoles y productos de exportación, reciclar y hacer composta, no fumar, aumentar la inversión en energías renovables, establecer mecanismos de vigilancia para las industrias contaminantes.
Recordemos y tengamos muy presente que no necesitamos más centros comerciales ni más calles grises. Necesitamos una ciudad donde podamos respirar aire limpio. Porque una ciudad que cuida su aire, cuida a sus habitantes.
La próxima vez que respires hondo al salir de casa, pregúntate ¿estoy respirando salud o contaminación? Si la respuesta no te gusta, no te resignes, cambia tus hábitos y exige un aire limpio porque también es un acto de ciudadanía.





