¿El cuidado del ambiente es una preocupación genuina o una tendencia? ¿Son los productos etiquetados como “ecológicos” o “naturales” verdaderamente alternativas sostenibles, o meras estrategias de mercadotecnia de las grandes corporaciones para continuar incitando al consumismo?
El fénomeneno del “Greenwashing”
A este fenómeno se le conoce como “greenwashing”, la organización Greenpeace lo define como las estrategias publicitarias que algunas compañías utilizan para presentarse a ellas y sus productos, como respetuosas con el medioambiente, cuando en realidad no lo son.
En una época en la que la sociedad es más consciente del impacto ambiental y muchas personas buscan reducir su huella de carbono a través de la implementación de hábitos más amigables con el ambiente, estas se encuentran sumamente propensas a caer en falsas promesas de productos más “verdes” o “ecológicos”, que en realidad no cumplen con los estándares necesarios para considerarse sustentables, cayendo en la desinformación y la confusión.
¿Compromiso real o estrategia de marketing?
El doble estándar puede verse en casos como el de Coca Cola, que al año, extrae más de 55 mil millones de litros de agua en México, resultando en fuertes sequías y desavastos en estados como Chiapas, donde la falta de agua potable repercute en la salud de miles de familias. Además de que, de acuerdo con estimaciones de la organización Oceana, para 2030, la empresa desechará más de 600 mil toneladas de residuos plásticos en el mar anualmente.
Estas cifras no impideron a la marca realizar una serie de anuncios y etiquetados en las que afirmaban su compromiso para utilizar envases reutlizables, realizar jornadas de reforestación, enfocarse en el reciclaje y en general, optar por opciones más sostenibles. Cuando al mismo tiempo, es la empresa contaminante de plásticos número 1 en todo el mundo, y según una auditoría anual de marcas corporativas realizada por Break Free From Plastic, una coalición global de grupos ambientalistas , la compañía invierte más en publicidad de iniciativas ecológicas que en financiar los programas reales.
El nuevo escenario del greenwashing
Anteriormente el greenwashing se veía casi unicamente reflejado en las campañas publicitarias, pero con el auge de las redes sociales, los creadores de contenidos y marcas son ahora también algunos de los principales impulsores de esta prácticas engañosas. Tal es el caso de los productos de maquillaje o cuidado facial, que seguidamente se jactan de ser “orgánicos” aunque en realidad no cuentan con certificaciones confiables y muchas veces incluyen químicos dañinos tanto para la piel como para el ambiente en su proceso de producción.
De manera similar, la industria de la moda ha encontrado en lo “eco-friendly” un nuevo discurso de venta: grandes cadenas de fast fashion lanzan colecciones “conscientes” o “sostenibles” que promueven el uso de materiales reciclados, mientras continúan fabricando ropa desechable que termina en vertederos o incineradores. La marca H&M ejemplifica esta situación con su línea “Conscious”, que promociona prendas hechas con algodón orgánico o poliéster reciclado, pero sigue produciendo millones de piezas de baja calidad que fomentan el consumo masivo y el desecho rápido.
En redes sociales como TikTok e Instagram, estas campañas se difunden con rapidez gracias a influencers y creadores que, en muchos casos, reproducen el discurso de las marcas sin cuestionar su autenticidad.
En este contexto, las audiencias se encuentran frente a un desafío: distinguir entre las prácticas que realmente contribuyen al cuidado del planeta y aquellas que solo lo utilizan como un recurso publicitario. Si bien la popularización de lo “verde” pone el tema ambiental sobre la mesa, la verdadera sostenibilidad es mucho más que campañas llamativas o empaques reciclados; necesita cambios profundos en la producción y consumo. De lo contrario, existe el riesgo de que la conciencia ecológica se convierta en una moda pasajera, en lugar de un compromiso con el futuro del planeta.






