Durante todo octubre y principios de noviembre, el municipio de Atlixco, Puebla, se llena de tonos naranjas y tradición para celebrar el Día de Muertos.
En la colonia Cabrera, una de las cunas de la floricultura en el estado, los viveros y las familias productoras se preparan cada año para cultivar y comercializar una de las flores más representativas de esta celebración: el cempasúchil.
De los viveros a los altares
De acuerdo con información de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Puebla, hace 16 años la producción de cempasúchil en maceta era de aproximadamente cinco mil unidades. Actualmente, el volumen llega a 2.5 millones, gracias al trabajo de viveristas y productores de la región, sobre todo los de la Colonia Cabrera.
Estas cifras muestran el crecimiento de una actividad conectada con las costumbres del Día de Muertos: la ofrenda. La flor es uno de los elementos más representativos de esta, pues sus tonos amarillos y naranjas se utilizan tradicionalmente para adornar altares y caminos que, de acuerdo con la creencia popular, guían a las almas de los difuntos durante su visita al mundo de los vivos.
Una contribución a la economía local
Además de su importancia cultural, el cultivo implica una fuente de ingresos para las familias dedicadas a la floricultura. Por ello, productores y autoridades estatales impulsan iniciativas para vincular esta actividad al turismo y generar nuevas oportunidades de comercialización.
Una de ellas es la Ruta del Mictlán 2026, un recorrido por los viveros de la colonia Cabrera que combina la venta de flores con figuras monumentales inspiradas en la tradición mexica, buscando que los visitantes conozcan el trabajo que existe detrás de cada planta y contribuyan a la economía local mediante el consumo directo a los productores.
Así, cada temporada de cempasúchil conecta el campo poblano con la tradición, la cultura y la economía local, mientras que coloca a Atlixco como un lugar de referencia para quienes buscan flores para sus ofrendas de Día de Muertos.






