Con el inicio del año llegan también las rebajas de invierno, una temporada en la que gran parte de las marcas de ropa comerciales se suman para ofrecer descuentos y promociones en sus productos. Grandes empresas como Inditex —con cadenas como Zara, Stradivarius y Bershka—, así como marcas deportivas populares como Adidas y Nike, e incluso tiendas departamentales y de lujo, reducen sus precios con el fin de atraer a los consumidores y motivarlos a adquirir artículos en grandes cantidades.
Si bien este periodo de ofertas es una oportunidad de renovar el armario y economizar para muchas personas, también plantea preguntas sobre el consumo responsable, los impactos ambientales de las grandes compañías de ropa y las prácticas de compra que adoptamos durante estas epocas. Resaltando la necesidad de volverlas más sostenibles y conscientes sobre los daños que el comprar, pueden generar al planeta.
Aunque de acuerdo con estadísticas de WifiTalents sobre sostenibilidad en la industria minorista, el 83% de los consumidores globales prefieren comprar marcas comprometidas con el impacto ambiental y social, las tiendas más populares continúan siendo las de fast fashion, que anualmente producen grandes cantidades de contaminación y desperdicio.
De acuerdo con Greenpeace, la industria de la moda es responsable de aproximadamente el 10 % de las emisiones de dióxido de carbono a nivel mundial, cifra equivalente a las emisiones de la aviación y el transporte marítimo en conjunto. Plataformas digitales como Shein han reportado emisiones de carbono que incluso superan a las tiendas físicas tradicionales, esto se debe su modelo de producción y distribución ultrarrápido que prioriza el volumen sobre la sostenibilidad.
Esta situación resulta alarmante, ya que las emisiones de carbono representan no solamente un peligro grave para el ambiente, sino también para las personas, al influir en la disponibilidad de agua, la producción de alimentos, la salud pública y la seguridad de las poblaciones expuestas a inundaciones, sequías y olas de calor.
Otro poblema recurrente de la industria textil es precisamente el desperdicio de agua. Al año, esta utiliza cerca de 93 mil millones de metros cúbicos de agua, ocupando hasta 2700 litros para una sola camisa de algodón, situándola como uno de los sectores que más sedientos y que al mismo tiempo, perjudica a los oceanos. Dado que parte de la contaminación que produce viene de las microfibras sintéticas liberadas durante el lavado de ropa, llegando a ser hasta 500 000 toneladas de microplásticos las que se desatan anualmente en los océanos.
Además, Greenpeace afirma que el 73 % de la ropa producida termina quemada o en vertederos, pues el reciclaje de prendas textiles en México es demasiado bajo, ya que solo alrededor del 5% de las prendas se les da una segunda vida, contribuyendo al incremento de la contaminación terrestre y atmosférica.
Aunado a lo anterior, pese a que según datos de Kantar Worldpanel, el porcentaje de consumo de prendas rebajadas ha disminuido en los últimos años -fenomeno impulsado en parte por los mensajes sobre sostenibilidad que circulan en redes sociales, cuya ocasional viralidad ha conseguido visibilizar las crisis ambientales-, durante otras temporadas de rebajas como el Buen Fin en noviembre, la Secretaria de Economía señaló que se han registrado ventas por más de 219 mil millones de peso, siendo las prendas de vestir y el calzado donde se concentran más del 20 % de las ventas totales.
Todo esto muestra lo importante que es proponer alternativas sostenibles frente a una cultura que perpetúa un pensamiento de urgencia respecto a lo material y a lo “en tendencia”. La lógica del “comprar antes de que se acabe” promueve compras impulsivas y desinformadas que no atienden a necesidades reales, sino a estrategias de publicidad.
Pese a que no se puede hacer mucho para interferir directamente en las decisiones corporativas que marcan el rumbo de la industria, como consumidores sí podemos impactar en sus prácticas mediante nuestras elecciones de compra, como:
- Optar por prendas de segunda mano.
- Priorizar la calidad sobre la cantidad invirtiendo en ropa durable.
- Reparar antes de desechar.
- Donar la ropa que ya no se use.
- Informarse sobre la procedencia de los productos.
- Apoyar a marcas locales o con políticas de producción responsable.
Combinando acciones sencillas como estas, dejamos de alimentar a industrias que atentan contra un futuro más ecológico y sostenible.






